lunes, 18 de febrero de 2008

Ley de dependencia: «Si me toca, será una lotería»


La vida se ve muy distinta desde una silla de ruedas, cuando tan sólo levantarse de la cama requiere de un gran esfuerzo y se necesita la ayuda de otra persona para afrontar el día a día con éxito. Javier e Ignacio conocen bien esta sensación. Estos dos discapacitados físicos vitorianos, miembros de la asociación Eginaren Eginez, han solicitado las ayudas de la Ley de Dependencia, un trámite «complejo» y cuyos resultados no siempre son satisfactorios.

Poco imaginaba Francisco Javier Ruiz que con 9 años su vida cambiaría para siempre. Perdió su mano en un accidente con una segadora y una operación posterior provocó consecuencias imprevistas. «No sé si tocaron un nervio, pero se me paralizó todo el cuerpo y perdí la vista. Me llevaron a Madrid y dijeron que era un virus y no duraría. Volví a Vitoria y estuve tres meses en casa, esperando morir, pero mejoré». Ahora tiene 48 años.

Parapléjico de cintura para abajo y con escasa visión en un ojo, su madre le enseñó «que podía ser igual que mis hermanos».Y se aplicó. Conduce coche y moto, nada y ha viajado como el que más. Desde hace una década, vive solo en su piso adaptado. «Cuando murieron mis padres me entró una depresión y mis hermanos me ayudaron», agradece. Pero necesitaba ayuda y contrató a una chica interna. «Uso una tumbona especial para pasar a la cama, al sofá, a la ducha... pero cocinar, limpiar o lavar tiene que hacerlo ella». Una ayuda imprescindible que cuesta 700 euros al mes y apenas cubre con los escasos mil de su pensión de discapacidad y de las dos pagas que recibe como huérfano. «Mi familia me echa una mano, pero estoy algo empeñado».

Solicitó la ayuda de la nueva ley, recurrió la primera valoración y le diagnosticaron el grado tres, de gran dependencia, que le da derecho a 487 euros. «Aún no he cobrado. Será una lotería para vivir más desahogado, aunque perdería parte de una de las pensiones», reconoce, feliz «por la gente que me quiere».

Ley insuficiente

Menos satisfecho se siente Ignacio de la Loma, un joven de 33 años que nació con espina bífida. Acostumbrado a afrontar retos, desde hace un mes se desenvuelve por sí solo en su hogar, ayudado dos horas al día por una asistenta, donde cuatro meses antes vivía con su madre. «Su demencia se agravó, tenía una dependencia grado 3 y está en una residencia privada». «Con lo que le dan por la ley, sumado a los 500 por viudedad, no pagan los 1.800 de la plaza y como en las públicas no hay...», se lamenta. Sin más ingresos que los 600 euros por orfandad y numerosos gastos, el panorama no era halagüeño. Con problemas de salud, cayó en la depresión. «En el hospital de Leza evaluaron mi dependencia». El diagnóstico, grado uno, el más moderado y sin prestaciones. «Antes tenía un 79% de minusvalía y se fijaban en aspectos sociales, económicos y físicos. Ahora sólo en esto último», denuncia. Y no ahorra criticas a una ley que «ha prometido mucho pero no da para todos, están desbordados y a muchos nos tiran a la baja».

18.02.08 - BEATRIZ CORRAL

EL CORREO ESPAÑOL

Ley de dependencia: «Esperábamos otra cosa de la ley»


Azucena Portillo es una mujer que no se queja casi nunca. Tiene 38 años y vive las 24 horas dedicada al cuidado de su marido, Paulino Fiel, enfermo desde hace ocho años de esclerosis múltiple. «Lo hago a gusto. Me pongo en su lugar y pienso que así es como querría estar: rodeada de cariño». Muchas veces se levanta agotada o se queda llorando por las noches en la cocina, pero no importa, «sigo adelante porque no hay alternativa, mientras pueda hacer feliz a mi familia, me sentiré bien». Forman una piña en Trapagaran, y los hijos, Aritz y Unatx, sudan la camiseta del equipo de fútbol local «con toda la ilusión del mundo». Casi tanta como la que tenían con la Ley de Dependencia hace unos meses. «Los críos y yo nos habíamos hecho a la idea de que sería otra cosa, de que habría más recursos », se lamenta Azucena. Sólo entonces se le borra la sonrisa.

Paulino se encuentra postrado en una cama, apenas habla y a veces pierde la noción del tiempo. «Lo mismo dice que tiene 18 ó 24 años. Y tiene la misma edad que yo, o sea, 38. En el hospital de Cruces me han dicho que es normal, que la enfermedad le ha afectado a la parte de delante del cerebro». No le cuesta trabajo llevarlo de un habitación a otra con una grúa especial, se ha acostumbrado y lo hace «de mil amores». Lo que le duele es «verle sin gente de su edad, siempre en casa, sin ninguna diversión». Por eso, a la vista de la Ley de Dependencia, se animó a solicitar plaza en un centro de día «para que Paulino pudiera cambiar de aires». La respuesta fue rápida y negativa. «No había ningún lugar para alguien con su discapacidad física y su juventud, no había centros de día con camas para gente de su edad. ¿Y yo no quería un sitio para ancianos!». La otra opción, una residencia de estancia permanente, ni se le pasaba por la cabeza.

Demasiado joven

El jarro de agua fría no había caído del todo. Quedaba la segunda parte. «Hace un mes, la Asociación de Esclerosis Múltiple de Vizcaya pidió plaza en un centro temporal para Paulino. Me convencieron para que cogiera 15 días de descanso, que me vendría bien ». Y la contestación fue la misma. «No hay locales para enfermos con la edad de mi marido. Increíble. ¿Cómo es posible? ¿Con la cantidad de jóvenes con enfermedades degenerativas que tenemos ahora!». La rutina de Azucena no varía. Apenas tiene un respiro por las tardes, cuando viene una asistenta social por dos horas. «En ese rato hago deprisa y corriendo todos los recados».

La Ley de Dependencia no le ha aportado nada. El tiempo pasa y ella resiste, «con un ibuprofeno para el dolor de espalda y nada más». Con la pensión de gran invalidez de su marido, que trabajaba como electricista, se las arregla para llegar a fin de mes. «Justo-justo. Piense que he tenido que reformar la casa para facilitar los desplazamientos de Paulino, y luego están los gastos de la comunidad, la ikastola, el club de fútbol de los niños, la luz, la comida ». Azucena sigue adelante. Como hasta ahora. No ha cambiado nada.

18.02.08 - I. URRUTIA

EL CORREO ESPAÑOL

martes, 5 de febrero de 2008

AUTONOMÍA PERSONAL Y DEPENDENCIA - EN LOS TERRITORIOS FORALES

DIPUTACIÓN FORAL DE ÁLAVA
DIPUTACIÓN FORAL DE BIZKAIA

DIPUTACIÓN FORAL DE GIPUZKOA

COMUNIDAD FORAL DE NAVARRA


Cuestionario de valoración del grado de dependencia

PREGUNTAS Y RESPUESTAS:

¿La persona presenta alguna enfermedad mental o discapacidad intelectual?

Si

No


¿Es capaz de comer y beber por sí sólo y sin la ayuda de otra persona?

Siempre

Raramente

Nunca


¿Es capaz de regular la micción / defecación por sí sólo y sin la ayuda de otra persona?

Siempre

Raramente

Nunca


¿Es capaz de lavarse todo el cuerpo por sí sólo y sin la ayuda de otra persona?

Siempre

Raramente

Nunca


¿Es capaz de realizar otros cuidados corporales como, por ejemplo, peinarse o lavarse los dientes, por sí sólo y sin la ayuda de otra persona?

Siempre

Raramente

Nunca


¿Es capaz de vestirse y desvestirse por sí sólo y sin la ayuda de otra persona?

Siempre

Raramente

Nunca


¿Es capaz de evitar riesgos y seguir consejos terapéuticos como, por ejemplo, tomar los medicamentos o llevar a cabo dietas, sin la indicación / ayuda de otra persona?

Siempre

Raramente

Nunca


¿Es capaz de levantarse, sentarse, pasar de una silla a otra o pasar de una silla de ruedas al inodoro, por sí sólo y sin la ayuda de otra persona?

Siempre

Raramente

Nunca


¿Es capaz de desplazarse DENTRO de su vivienda habitual por sí sólo y sin la ayuda de otra persona?

Siempre

Raramente

Nunca


¿Es capaz de desplazarse FUERA de su vivienda habitual por sí sólo y sin la ayuda de otra persona?

Siempre

Raramente

Nunca


¿Es capaz de hacer las tareas domésticas como, por ejemplo, cocinar, limpiar o comprar, por sí sólo y sin la ayuda de otra persona?

Siempre

Raramente

Nunca



Baremo de valoración de los grados y niveles de dependencia RD 504/2007. de 20 de abril BOE pdf

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